martes 18 de noviembre de 2008

la mosca en el hormiguero lX




¿Quién es el Duende?




Hasta ayer no habría podido responder a esta pregunta. Hubiera dicho: "Seguro que el Duende verde no, o si? No sé, nunca lo vi. Quizás debería de haberlo visto cientos de veces porque mis ojos de mosca me dan un panorama más amplio de lo que hay alrededor". Pero me sucedió que mientras estudiaba los conductos de una semilla, después de la tos, la habitación se llenó de niebla, una niebla licuada que hacía de las superficies, pinceladas borrosas. De pronto se esparció la claridad y con un solo vistazo volví a capturar un inventario minucioso de cualquiera de los tres rincones que capturaba. Teniendo esta parte controlada y a salvo, decidí dejar que mi mente divagara por los ramales de la imaginación. El olor a tabaco a veces diluye los ruidos, sazonando los sonidos, o eso me pareció. La luz de la vela dejaba entrar cualquier clase de sombras. Al cabo de poco tiempo ya me sentía a flote junto a esas formas, moviendo mi cabeza al compás de su marea imaginaria en que se sostenían. Ya flotando sobre mi espalda, disfrutando la sensación de estar en mi lugar seguro, con mis sombras, mis pensamientos y mi naturaleza, vino a mí, como un regalo, el recuerdo de un personaje imaginario que nunca me pude imaginar. El Duende. ¿Qué clase de duende se acerca a este perfume y a este olor que fumo con placer? ¿Quién es ese al que le ofrendo la última resina del atávico momento? Pensé en él, y lo creí capaz de aparecerse ante mi y darme una señal. Fue entonces cuando descubrí que había dejado plasmada, sobre el cebo de la vela, toda su figura. Vean qué imagen!












Doy mi palabra de mosca que estas cosas también existen y suceden en mi hormiguero.

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retahíla orgiástica de brazos, bruces y brotes
bocanadas aspirantes de humus, néctar, inciensos
verdugo incensario desierto de reflejos
de reflexiones, pensamientos e ideas poliformes
de gelatina ósea, de médula venosa, intervenosa
Basta!
suficiente - no apelativo
cinturón de esquinas, pirámides cóncavas
estalactitas, estalagmitas, esquirlas de diente de diamante

Sacudía el viento los postigos del cuarto más alto. Las paredes se inflaban y se desinflaban, respiraban agitadas. En el interior, los muebles parecían desafiar su disposición, como si apostaran al movimiento a paso de goteo, discurriendo en una secuencia fotográfica en vivo.
Cuando todos estuvieron reunidos en el centro de la habitación, de la mancha de humedad que habitaba el techo desde siempre, nació una gota que paulatinamente se fue engrosando, en minutos que parecieron horas se reprodujo, y en un segundo cualquiera al fin saltó.
Pronto la conciencia fue notando con más claridad el espíritu de los espacios y fue llenando algunos, arrastrada por la corriente del arte.

Pronto descubrió un canal y un comercio que despertar.

Hubo que mover desde el fondo para alunizar.

"... y releer desde afuera para entender la cáscara sin matar el huevo"

"En alguna parte un poeta piensa.
No tenemos necesidad de la luna,
la cabeza es grande,
el mundo está atestado"

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