martes, 15 de abril de 2008

El Rapto

La incertidumbre
certeza del desaliento
desagota una gota de recelo enmohecido
hambriento
abre los pasos calientes al pasillo sombrío
deja huellas húmedamente rojas a su paso cansino
no es la muerte enamorada del delito del deseo
no es desamor ni bravura condescendiente de los celos
es el fuego de la envidia por la vida ajena honrada
no el amante quien clava el filoso acero en la carne inmaculada
no es el ansia inescrupulosa y osada lo que mata
él mata su propia alevosía sacrificando su carne estigmada
se hace menos hombre a sí mismo
cree que lo alcanza
se castiga
se mutila
se enceguece enceguecido por la espina pasma
más humano que animal llora
más bestia que hombre se desgarra
tiembla su mano y no su corazón ya desertado de su alma
vuelve su parte a su organismo
reuniéndolo
vomita su propio vómito de espanto
reprimiéndolo
y se ahoga
porque no puede morir como un amante
muere en la impotencia de esa muerte crepitante
o casi muerte de su existencia
con o sin su comediante

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